14 diciembre, 2020

Catorce

Los días pasaron enredados como cabellos de demonios en un paraíso correntoso, noches enteras sirvieron de escenario para fabricar con amor recuerdos inolvidables mientras el reloj marcaba el ritmo de las caderas incansables y los gemidos se convertían en el nuevo sonido de los segundos.


Sin avisar y con fuerza logró sumergir su mano en un charco de placer, sintió cómo se apretaban los músculos del corazón y borró abruptamente el pasado confuso, dejó claro que todo lo que había sucedido antes se convertiría en nada desde ahora... desde que sus dedos lograron entrar en su alma.


El seño fruncido, los ojos cerrados, la boca entreabierta mostrando sus blancos dientes, el corazón latiendo a mil, un cuerpo sudoroso temblando y varias palabras tropezadas formaron el conjunto perfecto para convertir ese momento en una eternidad dentro de sus mentes.


La gente asombrada miraba a través de la ventana, con desconcierto, a dos seres bañados en sangre amándose con brutalidad y rapidez. Dos seres alquimistas capaces de transformar sus sonrisas en orgasmos intensos y sus lágrimas en promesas puras.


Astutamente utilizan el silencio como su mejor aliado para disfrutar de los susurros al oído, al cuello, al alma... susurros que vibran por toda la piel, recorriendo los sentidos, erizando el corazón y los pechos. 


Desequilibrados de tanto amor cayeron los cuerpos rendidos de placer, cayeron en los brazos más suaves que jamás sintieron, cayeron en los besos más dulces, cayeron a los pies del romanticismo... inevitablemente sucumbieron ante sus ganas de ser para siempre lo que son hoy.


Amasan con sus manos el deseo de poder ver esos ojos llenos de vida y muerte, aún sabiendo que el reloj no marca la hora real, sino los minutos que quedan para golpearse con la inevitable despedida.

Caos

En la oscuridad parimos de forma obligada a nuestro nuevo yo,
se retuerce adolorido al ya no caber en nuestro cuerpo y lucha por tener vida propia.

Nos dejamos morir a punta de incertidumbres y malas decisiones para darle paso al nuevo ser.

Un ser que traerá consigo experiencias y 
malestares inéditos, pero con los mismos recuerdos y sufrimientos del pasado.

Vibrantes, 
llenos de nueva vida y ansiosos corremos por los caminos del presente para acumular recuerdos 
y saberes que nos permitan resistir a la realidad actual.

Resistimos lo que más podemos hasta la siguiente crisis que esperábamos tanto para derrumbarnos plácidamente sobre errores y negaciones, 
nos revolcamos de placer entre los sabores amargos de 
nuestra vida para darle forma al siguiente nuevo yo, 
como método de escape momentáneo, 
como forma de adaptación al entorno, 
como una nueva oportunidad.

Nos preparamos para el siguiente impacto,
pero esta vez con la certeza de poder sobrevivir al caos.

Sentido

Manzana dulce,
veneno fuerte,
tormentosa noche,
gris amanecer.

Ventiladas cortinas de humo desenmascaran lágrimas invisibles,
convirtiéndonos en seres mutantes y vulnerables...
expuestos a la incontenible realidad.

Amargo beso débil,
golpeteada mirada lejana,
absorbida sonrisa fingida,
rasgadas palabras del alma.

Descubrimiento

Empecé a vivir mi vida realmente a mi manera,
sin que me importe la opinión de los otros.

Llevo en mi piel tatuajes y aún faltan más,
uso ropa que me haga sentir cómoda y 
escucho música que me hace feliz.

Dejé de frecuentar lugares y personas,
dejé de repetir palabras que solo atraían negatividad y 
recuperé mis ganas de hacer lo que me gusta.

Estoy en un proceso donde transformo lo que hay en mí para convertirme en un mejor ser humano,
y sigo aprendiendo a conocerme profundamente para no obligarme a vivir situaciones solo para agradar.

En este punto no hay nada que me detenga.