15 noviembre, 2019

Humanidad

Lloran las montañas y los valles ríos de sangre y basura,
se deslizan lentamente los sueños y desechos de sus habitantes,
caen y se enredan entre la flora del paisaje,
adornan terroríficamente el horizonte y nos hacemos los desentendidos.
Plástico, sexo y adicción es lo que sobra.

Lloran las montañas y lloran los valles.

No hacen más que vivir ansiosamente día a día,
mientras su fauna sufre el incontenible proceso de la devaluación del entorno,
la fatal consecuencia de las equívocas decisiones de los verdaderos animales.
Dejan claro cuál es su prioridad y queman deseos que ya no pueden guardar,
no hacen más que generar desperdicios y desigualdades acordes a su vida.

Lloran las montañas, 
lloran los valles y llora la madre tierra,

No hay nada que se quiera hacer por intentar retroceder un paso,
un solo maldito paso de este fanatismo pendejo de invadir lo que no se debe tocar.
Cuerpos que caen intranquilos en las frías calles de los pueblos y ciudades,
suplicando con la mirada,
rogando una oportunidad de volver a la vida.
Como si alguien más tuviese la potestad de devolverles el alma que ellos mismos han perdido.
Cuerpos que fueron asesinados por la imbecilidad de sus ciudadanos al ignorar los problemas que sí importan y se deben resolver.
Nada más fácil que ignorar lo que duele.

Lloran las montañas, 
lloran los valles, 
llora la madre tierra y 
lloran en silencio los fantasmas de la oscuridad.

No sabemos más que colonizar terrenos y apropiarnos de conceptos,
creemos saberlo todo y no sabemos nada.
Hemos destruido a punta de palabras mal dichas y acciones vacías lo que nos han heredado,
dejamos sólo basura y teorías.
Celebramos cada error del prójimo como si fuese una oportunidad y lloramos cuando nos corrigen,
nos quebramos de rabia al no poder comprar el perdón de nuestras culpas, 
enterramos cada tarde toneladas de resentimientos para conseguir el refugio de la noche,
el consuelo de las mentes agobiadas,
esperando tal vez algún día no volver a despertar.

Lloran las montañas, 
lloran los valles, 
llora la madre tierra, 
lloran en silencio los fantasmas de la oscuridad y 
ríe confiadamente la vida.

30 septiembre, 2019

Experiencias

Quédate en un lugar,
 extiende todo tu cuerpo y siente cómo el viento traspasa las hendiduras de tus membranas; haciéndote sentir frágil,
 diminuto.

Permite que tu Otro hable y re relea esas historias que negaste,
 abre tus alas y deja que el impulso de saltar se aferre a tu médula...
y te empuje.

Respira profundo y mantén tu aire puro.
Aléjate de las almas abrumadas de realidad y fantasea con tu deseo de ser la verdadera versión de ti.

Malgasta tus últimas horas buscando las experiencias que faltan para llenar
los álbumes irónicos de la vida.

La fe es un virus que recorre el sistema inyectando pequeñas dosis de quietud y conformismo,
 la fe no es un acto es una espera.

Inicia tú la charla con el cosmos,
 no esperes que los grandes vientos te envuelvan.

Despégate de tu cielo y salta hacia los infiernos de los demás.
Comprende sus desgracias pero no seas parte de ellas, te comerán vivo.

Desafía a la muerte y ve a contar la verdad,
 que todos se enteren que los poetas no son tristes y que el amor sí existe.

Extraños

Esto de jugar a ser extraños algún día deberá terminar, las putas quieren caminar por las calles iluminadas, ya se cansaron de aquellos callejones oscuros.
Renacen del asfalto las sombras de las personas que fueron olvidadas, la del hombre que traicionó a su amigo encabeza la marcha y todo comienza a tener sentido.

Tan jodido es esto de fingir.

Eso somos, unos monstruos hijos de puta jugando a ser dignos de la bendición divina, creyendo que tenemos derecho a reclamar superficialidades y pendejismos; tratando de reír con esas imágenes pueriles que sólo traen recuerdos bastardos a nuestra mente.

Esto de leernos y no conocernos, esto de vernos y bajar la mirada.

Hijos de puta,
hijo de puta... la vida es mi madre, ¿y la tuya?.

Tantas veces reímos juntos que olvidamos agarrarnos la mano para caminar, tanta risa caga al amor.
Nos convencemos de que nuestra alma corre desnuda, feliz entre la maleza de los corazones; pero creer es nuestro mayor defecto, seguimos atándonos a la mierda que nos rodea y tratamos de convertirnos de a poco en eso.

Unos reales chuchas de su madre.

Apresuran sus pasos con un periódico viejo bajo su brazo o una funda de papel cada vez que les hablo coloquialmente, como si no me lograsen entender.

Ellos que fueron concebidos bajo una nube de confusión y dolor. Aquí gana el que se olvida de su pasado, de las cagadas que cometió para ganar así valor moral y poder recriminar y condenar los sueños de nuestros hijos, de tus hijos. 

Fumaron tantos años puchos de caroline escuchando a esos locos tira piedras que ahora se creen reyes.

Eso es todo, un poema impublicable que será arrastrado a la oscuridad para hacerle compañía a las putas que nunca saldrán... 
porque, aunque ellas quieran, nosotros no estamos listos.

Soldado

Un soldado más de esta inaudita guerra.

Armado de nostalgia y suspenso
lo empujaron a sacrificar algo más que sus ganas de vivir.

Sangra.
Huye.
Grita.

Limpia su rostro y sostiene temblorosamente su arma,
 una sonrisa.
Baja cuidadosamente los escalones de la angustia esquivando alivios temporales,
 ansía que la batalla acabe.
No sabe cómo llego hasta ahí pero sabe lo que debe hacer si quiere sobrevivir.
Caen a su lado los cuerpos asombrados de tanta maldad,
 caen y lo salpican de dudas sobre su existencia.
Corre entre la selva para esconder su miedo,
 él cree que podrá así rendirle culto a su hombría heredada.

Lo veo a lo lejos,
 manteniendo la esperanza de poder cambiar la historia.

Lo hubiese intentado otra vez,
 pero no aprovechó la oportunidad.
Ubicado se prepara para disparar su sermón sobre cómo sobrellevar el hecho de no saber qué hacer pero aún así querer hacerlo.
Esa disyuntiva le dio ánimos y corrió hasta la orilla donde se reflejó entre las piedras.
Sumergido en el charco de la miseria pudo darse cuenta del tiempo que había transcurrido durante su pelea.

Ya veterano no supo qué hacer con su efímero y borroso futuro.
Perdió tanto tiempo esquivando el dolor que sobrevivió sano y a salvo.

Ahora lo veo muy cerca de mi,
 se aferra a la idea de haber triunfado al conservar su vida
y no se da cuenta otra vez que esto debe doler para sentirse.

La vida siempre duele.